De Amicitia (Cicerón un garbanzo)
Quiero hablar de la amistad
mas siento no darme el cuero
y después deste entrevero
dudo quede dignidad
a mi pluma (que es birome)
y se empeña en escribir.
¡Ay! La quiero corregir
mas con resultado fome.
De un amplio vocabulario
digno de sobresalir
yo no puedo presumir
diría soy temerario.
Y no, es que soy caradura
y sin tener instrumento
ni aún, siquiera, entendimiento
me largo a decir locuras.
Mas quiero dar un tributo
a este grande sentimiento,
que no cede al desaliento,
aunque salga diminuto.
Es bueno poner el hombro
y prestar paciente oreja
mas, si esta paciencia ceja,
no quedan ni los escombros.
No creo ser verdadera
esa clase de amistad
que ante cualquier veleidad
se cansa y no persevera.
Es muy grande, es noble cosa
la de aquel que de su vida
a la muerte tan temida
hace entrega generosa.
Pero se me hace es mejor
la del que habiendo sufrido
por su amigo mismo herido
no le conserva rencor.
El que viéndose insultado
contesta con la sonrisa
y al punto mismo revisa
qué puede haber molestado
ese es amigo de ley:
el que puede perdonar;
ese no ha de abandonar
que es constante como el buey.