Arístides la del encanto

Mientras el país miraba el partido, yo rendía mi parcial de Derecho Constitucional. Un rato antes rendí Economía. Estoy de vacaciones. Es genial que se haya acabado. Hasta el 14 de agosto libre, todavía estoy asimilando la idea. Mendoza, me has de soportar dentro de poco.

Si a alguien le interesan las trivialidades, a pesar de mis esfuerzos me está yendo bien en la facultad... pero lo profundo, lo real, lo trascendente, es que estoy de vacaciones. Eso me hace sentir enormemente bien.

Sí, sí... ya viene el versito. Hoy, siempre dentro del género huevada, me propongo cambiar la diferencia específica. En vez de soneto es algo parecido a un rondó:

Una grande emoción a mi alma embarga
y luego, meditando lo que siente,
la cabeza, segura, lo consiente
y exclama ya sin una pena amarga:
¡Qué groso el que inventó las vacaciones!

Ya no han de consistir las trasnochadas
en profundas lecturas embolantes
que por sí rinden más que mil sedantes.
Gritemos, pues, a coro, camaradas:
¡Qué grande el que inventó las vacaciones!

Me ha Mendoza de ver aristideando
los libros cederán a las juntadas
su lugar, y entre alegres payasadas
la aurora nos encontrará brindando
por aquel que inventó las vacaciones.

Y nos han de asistir, cual dulces musas,
Bacardis, Cubas Libres, picaditas
del Palenque llenando las mesitas
y habremos de clamar -¡Marche una muzza!
¡Feliz el que inventó las vacaciones!

Ningún gil ha de extañar la facultad
que, aunque no quede vino ya en la jarra,
pal' criollo que se precia no hay amarra
que ate fuerte como la de la amistad.
¡Que viva el que inventó las vacaciones!