Buenos Aires
También fruto de los viajes en tren, acá van unas melancólicas consideraciones sobre mi ciudad cipaya.
Cuanto más te contemplo, Buenos Aires,
más doliente en el pecho que palpita
mi corazón, herido, se marchita
al ver que mueres y sanar no quieres.
De lejos al mirarte se barrunta
que tu maldad ya ni siquiera escondes
la podresdumbre sin pudor expones
a Sodoma escogiste como yunta.
Mas me temo, ciudad de mercaderes,
que siempre hayas tenido por atino
relegar al provecho tus deberes...
No serviste jamás al Dios divino,
ni a la Patria ayudaron tus quehaceres:
tu egoísmo ha marcado tu destino.