Filosófico lamento

El otro día, en la facu, con sueño atrasado y la calefacción demasiado fuerte (luego, con menos dominio aún de mis facultades que el ya reducido que suelo tener habitualmente) intuí que sería menos notorio para la profesora el hecho de ponerme a escribir versitos que seguir dando cabezazos. Aquí va, pues, lo que salió de mi decadente pluma:

Inefables son los predicamentos
y alguno encontrará los predicables
atractivos e incluso deleitables
pero logran ponerme somnoliento.

Y no es que, me explicando, haga espamento
la maestra que es buena y es amable
mas a mí se me antoja deleznable
el objeto y me embota el pensamiento.

Pero el fondo, lo profundo del asunto,
la verdad que esconde la milanesa
sin poder afirmarla la barrunto:

lo que en serio, lo que tanto me pesa
es dejar en la silla puesto el culo
mientras leo lo que hay sobre la mesa.

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