soneto

Moustique

Aunque mucho cavilo y lo medito
y armarme de resignación intento
me sube de los tacos un lamento:
¡qué animal del infierno es el mosquito!

A poco que me acueste regurgito
al Morfeo rendirse al esperpento
volante, ya un rugido y no un lamento:
¡qué peste del infierno este mosquito!

Sin piedad atormenta mis oídos
¡bendito si picara con premura
evitándome, al menos, sus zumbidos!

Es molesta, es feroz la picadura
mas que pique a sus anchas yo le pido
y me ahorre del ruido la tortura.

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De planicies, llanos y llanuras

Parece tan distante el firmamento
casi eternas se me hacen las llanuras
señoras del paisaje de las Pampas
y pasto permanente de los vientos.

Cuando albora contemplo somnoliento
las aves despertar tímidamente
de noche me cautiva el ritmo lento
de tu cielo de estrellas reluciente.

De estrellas reluciente y encantado
encantado cual brisa que, apacible,
la brisa que apacible ha acariciado

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Sobre una idea del Maestro Eckhart

Publico este soneto después de pensarlo bastante y sin que las dudas se me hayan ido del todo. Más allá de la calidad poética (que sería causa de una absoluta abstención si la considerara seriamente), temo que se van a reír bastante y no me van a creer: "¿justo ese ladri escribiendo cosas piadosas?"... pero ¡qué carajo! ¡al final uno también tiene alma!

De cualquier modo aclaro que lo que es (aunque no se note) la idea central, Cristo que siempre espera a la puerta, está tomado del Libro del Divino Consuelo de Meister Eckhart.

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Filosófico lamento

El otro día, en la facu, con sueño atrasado y la calefacción demasiado fuerte (luego, con menos dominio aún de mis facultades que el ya reducido que suelo tener habitualmente) intuí que sería menos notorio para la profesora el hecho de ponerme a escribir versitos que seguir dando cabezazos. Aquí va, pues, lo que salió de mi decadente pluma:

Inefables son los predicamentos
y alguno encontrará los predicables
atractivos e incluso deleitables
pero logran ponerme somnoliento.

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Viña del Mar

Oh marco de felices conjunciones
asiento predilecto de belleza
nos dan tus vinos singular tibieza
llenándonos tu brisa de ilusiones.

Mirando al mar diría estás serena
mas de noche respiras pura fiesta
galana te levantas de la siesta
mostrando al visitante faz amena.

Por un lado las playas escarpadas
al otro, cual pintados, tus viñedos
y calles arenosas, enroscadas.

Imágenes mejores que soñadas
a los ojos sedientos das por miles
para que, si no están, sean añoradas.

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l'Autruche

Oh avestruz, pajarraco rechiflado,
no vuelas, pero corres y te escondes
sin saber que es bien poco lo que cubres
y que has de terminar desemplumado.

Es en vano que ocultes la capocha
en exiguo buraco que no tapa
más que aquello de lo que el niño escapa
al taparse los ojos o la bocha.

Enderézate, míralo de frente,
no te ha de doler menos escondido
menester es te metas en la mente

que es grande y poderoso el enemigo
más si hoy le decides hacer frente
mañana puede estar medio vencido.

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